Cirugía de Mohs: cáncer de piel sin secuelas

Por Dr. Rodrigo Guridi, Cirujano Plástico de Clínica Las Condes

Existen distintas técnicas de reconstrucción facial, luego de una extirpación de cáncer de piel de la cara. Una de éstas es la Cirugía de Mohs, que pretende obtener el mejor resultado oncológico, funcional y estético posible, para que los pacientes queden sin secuelas post operación. 

Sin embargo, es un procedimiento que no puede realizarse en todos los tipos de cáncer de piel. Por lo general, se indica para tumores en zonas complejas o de naturaleza agresiva. Y suele utilizarse en cánceres de tipo carcinomas basocelulares y espinocelulares, en la cabeza y el cuello.

¿En qué consiste?

La Cirugía de Mohs usa una técnica que permite retirar el cáncer con el menor margen posible, para analizarlo inmediatamente en un microscopio. Mientras se realiza la operación, se hace un mapeo del tumor para identificar, con la más alta precisión, en qué parte persiste. Este procedimiento se repite hasta que se confirme la completa extirpación del cáncer, momento en el que se comienza a reconstruir la piel operada. 

Lo más destacable de esta cirugía es el trabajo en equipo, con una forma de operar que se utiliza en los hospitales en Estados Unidos. En pabellón, se cuenta con la presencia de un Cirujano Dermatólogo Oncólogo, especialista en técnicas de biopsia; y un Cirujano Plástico Reconstructivo, quien se encarga de la reconstrucción inmediata. Además, hay otros profesionales como patólogos o tecnólogos médicos especializados en esta técnica. 

Unas de las principales ventajas de la Cirugía de Mohs, en comparación a una cirugía convencional, es la menor tasa de recurrencia (reaparición) del tumor y la máxima conservación de piel sana, con un excelente resultado estético y funcional. 

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